La cuenta regresiva de cara al inicio de la campaña política ya empezó. Los recursos utilizados para que los distintos postulantes les avisen a los electores sus pretensiones de ser electos son muy variados: afiches, jingles, volantes, spots televisivos, entre muchos otros.

Una variante de los afiches, si se quiere, son los pasacalles. Este aviso, que se cuelga de un poste a otro, pueden ser de rafia o de lona impresa.

Jorge Cancino es un letrista domiciliado en Villa Amalia. Tiene su taller en su casa, iluminado por la luz natural. En ese espacio, sus pasacalles decoran largos mesones e incluso las paredes. Tiene 53 años y ejerce el oficio desde los 16, lo aprendió de un amigo, ya fallecido, llamado José Díaz.

Sus manos son hábiles y rápidas, luego de 37 años de práctica su pulso es preciso como el de un cirujano. Su caligrafía da materialidad a los mensajes de sus clientes, son plasmados en la tela de rafia con pincel o aerógrafo, también en banderas de tafeta.

Explicó que sus principales clientes son políticos del interior. “Hay muy poquitos candidatos de capital que encargan pasacalles ya que acá hay más restricciones”, señaló.

El precio del producto varía dependiendo el tamaño y el diseño requerido, el modelo estándar de 6 x 1 metros cuesta alrededor de $ 3.000. Cada cuatro años la situación se repite, y suele recibir hasta 100 pedidos.

Tiene expectativas altas de trabajo para este año, su disciplina para el trabajo es constante, y cuenta con el apoyo de sus seres queridos “en campañas anteriores no dormimos; me decían ‘necesito 50 para mañana’. Toda la casa se transformaba en taller, es un negocio familiar”, contó.

Jorge entrega, pero no hace la colocación de sus creaciones. “Trabajo de esa manera para evitar problemas o quejas. Me ha tocado escribir reclamos e insultos, desligado de la política”, recordó, entre risas. Y a pesar de que tiene un trabajo en el Ente de Infraestructura Comunitaria, remarcó que disfruta y elige su trabajo como letrista.

Máquinas imponentes

Juan Pablo Paiduj y Lelia Abregú son propietarios, desde hace una década, de una empresa de Comunicación Visual. Su taller, iluminado con focos y con pantallas, está organizado para que en el mismo espacio se desarrollen todas las tareas de su firma.

Cuenta con 10 máquinas de impresión y cortantes, y un plantel de 10 trabajadores. Tan solo al entrar sorprende la cantidad de materiales diferentes (aluminio, acrílico, madera, etcétera). Y el tamaño de las máquinas es imponente. Ofrecen distintos tipos de cartelería y de soportes. Entre ellos figuran los pasacalles impresos en lona, que tienen un precio mayor a los de rafia. Son muy elegidos por los candidatos, ya que incluyen imágenes y generan un mayor impacto visual.

A pesar de que las máquinas están manejadas por trabajadores, el producto difiere totalmente de creaciones a mano. La tecnología permite crear productos idénticos con gran precisión, variedad de colores, y en las superficies menos pensadas.

Respecto del comienzo de la campaña, Paiduj indicó que los pedidos de políticos son esporádicos y a corto plazo. “Es una oportunidad con cada inicio de campaña; pero no influye demasiado en nuestro negocio”, reconoció. Esto se debe, según precisó, a que administra una empresa que ha logrado crecer, a tal punto que actualmente se encuentran trabajando para distintas marcas, y han ampliado su oferta incorporando el diseño junto a la fabricación de muebles.

En cuánto al presupuesto, los empresarios remarcaron que los materiales utilizados son importados y que el precio depende del dólar, mientras que sus productos se cotizan en metros cuadrados (m²).

“Una campaña estándar de Intendencia implica, de mínimo, 20.000 m²; una campaña para gobernador es mucho más grande, claramente”, puntualizó.

Además de la impresión, ellos sí se encargan de colocar la cartelería en los soportes y en el lugar elegido. En ese sentido, también se diferencian de Cancino. Pero se trata de dos formas diferentes de realizar una misma tarea, durante la misma campaña electoral y en el mismo territorio. Por un lado, la artesanal, la tarea del letrista que escribe a mano sobre rafia. Por el otro, una versión más industrial y técnica, que incluye máquinas y trabajadores.

De cualquier manera, ambos han sabido reinventarse, prevalecer y abrirse camino ante los constantes cambios de las sociedades.

¿Cómo lo hacen?

Cancino recibe sus pedidos por teléfono y por facebook. Los clientes deciden el diseño, el tamaño, los colores y si llevará alguna figura adicional, que por lo general son escudos o logos. Luego el letrista prepara los materiales en su taller, realiza un boceto y procede a pintarlo con el aerógrafo, el cual conecta la pintura a través de una pequeña manguera. También utiliza pincel.

La empresa de Paduj y de Abregú recibe el proyecto de los clientes, quienes suelen contactarse por Instagram o por teléfono. Cuando se trata de una campaña política reciben un manual que especifica la gráfica, tipografía, entre otros detalles, por lo que se limita a la impresión y colocación. Sin embargo en el caso de otros clientes, el equipo en conjunto con arquitectos y diseñadores arman una propuesta integral, están presentes en la creación y en el desarrollo del producto final. (Producción periodística: Paula Velazquez.